La Construcción Social de la Hiperactividad




El TDAH es el problema neuroconductual crónico más común en la infancia.
Se diagnostica especialmente en edad escolar, debido a los impedimentos
que ocasiona en el desempeño académico, relaciones interpersonales,
comportamiento y esfera emocional.

La quinta versión del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales
(DSM 5) lo define como un trastorno caracterizado por 3 síntomas cardinales:
1. Inatención, incluyendo aumento de la distractibilidad y dificultad para mantener la atención
2. Pobre control de impulsos, con disminución de la autoinhibición
3. Hiperactividad motora. En todos los casos estos síntomas llevan a deterioro
funcional en al menos dos escenarios.

Existen varias estrategias de tratamiento farmacológico y no farmacológico
disponibles para el manejo de los pacientes con TDAH. Los estimulantes han
recibido especial observación en relación con el trastorno por uso de sustancias
(TUS), específicamente de las sustancias psicoactivas.



Si bien se cree que existen factores biológicos en la base de los trastornos,
estos son concebidos de manera diferencial, según la cultura y el contexto
social (Timimi & Taylor, 2004). La concepción del trastorno cambia históricamente,
por ejemplo, debido a la modificación de los criterios diagnósticos.
La edad de presentación de los síntomas, verbigracia, se ha modificado a través de
las ediciones de los DSM: antes de los 7 años en el DSM-IV-TR (APA, 2000) a antes
de los 12 en el DSM-5. Aunque los cambios se atribuyen principalmente a descubrimientos
o aportes de la investigación en el área, también se pueden relacionar con transformaciones
sociales y formas en las que se organiza el discurso médico.

Las personas son activas en la construcción de realidad y no aceptan pasivamente el
conocimiento científico; por el contrario, intervienen en la producción de verdad a partir
de la interacción con otros (Moscovici, 1986). En este proceso, los medios de comunicación
juegan un papel importante, ya que proporcionan contenidos que permiten a las personas
apropiarse del conocimiento médico para construir versiones populares de este. Se trata
de la popularización del conocimiento en términos de representaciones sociales. En el caso
de los trastornos mentales, por ejemplo, desde su etiología hasta sus consecuencias son
concebidas de manera diferente por los miembros de culturas y sociedades distintas. De
acuerdo con Correia (2002), una particularidad de la enfermedad mental es que sus síntomas
son las "desviaciones" de la conducta; según la cultura y el momento histórico en que se
expresen, las conductas serán categorizadas o no como enfermedad mental.
Conclusion:

Al tener en cuenta el momento en el que se determina que existe un problema, el TDAH
se puede entender como un trastorno institucional, en la medida en que los inconvenientes
comienzan con el inicio de la vida escolar del niño. Según Gergen y Warhus (2001), los
problemas psicoló gicos, que tradicionalmente han sido entendidos como entidades psíquicas
delimitables, no son sino signos lingüísticos que adquieren sentido dentro de un contexto
socio-histórico. En este caso, la transgresión de las reglas institucionales determi nadas por
el sistema escolar define un trastorno particular, por el que el comportamiento del niño se
vuelve incompatible con ellas. Este hallazgo es coherente con la conclusión de Uribe y Vásquez
(2008), quienes aseguran que el TDAH, más que una patología psiquiátrica, se presenta como
un sistema de comportamiento no acorde con la normatividad establecida y que, por lo tanto,
viola el orden social y se constituye como peligroso para quien lo padece.


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