Psicoestimulantes para el TDAH: análisis integral para una medicina basada en la prudencia
Introducción:
El trastorno por déficit de atención/hiperactividad (TDAH) es un ejemplo de entidad clínica altamente
controvertida donde el edificio conceptual levantado por quienes justifican su cribado, diagnóstico y
precoz tratamiento es impugnado por otros como un error mayúsculo de perspectiva y abordaje. Además
de una divergencia conceptual, las consecuencias de los diferentes enfoques se concretan en modos
muy distintos de intervenir en la infancia, población que requiere protección especial.
Para abordar lo que la farmacoterapia puede, o no, ofrecer a los diagnosticados de TDAH,
hay que considerar aspectos más generales de este constructo diagnóstico, su evolución, argumentos
y prevalencia actual, el contexto y limitaciones de las escalas diagnósticas, los objetivos del tratamiento,
su relación con el desempeño académico y social, y otras variables. Es lo que se hará en este artículo
antes de abordar la farmacoterapia del TDAH, que prestará una especial atención a la reciente incorporación
de la lisdexanfetamina y la guanfacina al arsenal terapéutico y a la creciente intervención farmacológica
en adultos.
Desarrollo:
Se estima una prevalencia global para el TDAH de entre el 1,4% y el 3,0%, aunque otros elevan la cifra
hasta el 5%. Tanto la prevalencia como el tratamiento farmacológico asociado son ampliamente
heterogéneos en función de múltiples factores. Alguno, como la correlación del diagnóstico con el mes
de nacimiento del individuo (3,4), sorprende y cuestiona su propia validez. También se ha descrito que
entre los alumnos favorecidos desde un punto de vista socioeconómico hay mayor probabilidad de utilizar
fármacos para el TDAH durante el periodo escolar. Es coherente con el hallazgo de un mayor consumo
de estimulantes en niños españoles autóctonos comparados con la población inmigrante, lo que apunta
al vínculo entre TDAH y preocupación por el rendimiento académico en familias a partir de cierto nivel de renta.
Son frecuentes las referencias a profundas diferencias en el diagnóstico según la localización geográfica,
con tasas que llegan al 20% en zonas de Colombia que contrastan con datos asiáticos netamente inferiores.
En Estados Unidos, el país occidental pionero en el crecimiento de diagnósticos, los últimos datos oficiales
(2012) establecen la prevalencia en un 11% de la población entre 4 y 17 años, 6,4 millones de niños
diagnosticados y alrededor de 3,5 millones usando psicoestimulantes. Hoy pueden identificarse otras
regiones (Canadá, Holanda, países escandinavos) con similar o superior uso de fármacos para el TDAH .
Según el último informe internacional sobre producción de psicoestimulantes a nivel mundial, desde 2012
se observa un acusado incremento ligado principalmente a la anfetamina y dexanfetamina, utilizadas
probablemente como materia prima para la lisdexanfetamina.
Conclusión:
Tras analizar los fundamentos del diagnóstico y la evidencia del tratamiento farmacológico, finalizaremos
reflexionando sobre la problemática sociocultural que el TDAH pone de manifiesto. Es urgente un nuevo
acercamiento al núcleo mismo de lo que entendemos por patología y una mirada más amplia para reconocer
la incidencia negativa en el individuo de disfunciones complejas a nivel familiar, académico o social.
La pregunta clave es: ¿están realmente enfermos nuestros niños o son más bien las dinámicas y estructuras
generadas por los adultos quienes en ocasiones necesitan de un adecuado diagnóstico y tratamiento?
Resulta revelador que incluso organizaciones de apoyo a la infancia, como UNICEF, se preocupen por la
evolución del uso de estimulantes en España.
Es difícil conceder crédito a una determinada terapia cuando la mayor parte de su investigación procede
de fuentes con fuertes intereses económicos en el mundo del medicamento. De hecho, ciertos comportamientos
de importantes líderes de opinión han derivado en verdaderos escándalos. Sin embargo, el problema tiene un
carácter mucho más sistémico, afectando a toda la cadena de agentes implicados en la prescripción del
medicamento. El esquema no es exclusivo del mundo que rodea a los psicofármacos y podría describirse
de la siguiente manera: una compañía farmacéutica desea lanzar un producto y delega el liderazgo del ensayo
clínico en investigadores de su confianza; estos investigadores colaboran con las agencias reguladoras y
participan en los comités y GPC que los clínicos consultarán mañana; las asociaciones de pacientes reciben
financiación de esta misma compañía, concediendo credibilidad a los pretendidos beneficios del producto;
los medios de comunicación cierran el círculo dando cobertura mediática a llamativos avances terapéuticos,
a menudo prematuros. Finalmente, sobre el mundo educativo planea el riesgo de ser progresivamente
considerado como una estructura sanitaria más, facilitadora de diagnósticos y posteriores tratamientos.
Por ello es crucial que también el personal de la enseñanza disponga de información clínica veraz y adaptada
a su lenguaje sobre estos temas.
Bibliografia:
Thapar A, Cooper M. Attention deficit hyperactivity disorder.
Santosh P. Stimulant medication to treat attention-deficit/hyperactivity disorder.
Sayal K, Chudal R, Hinkka-Yli-Salomaki S, Joelsson P, Sourander A. Relative age within the school year and diagnosis of attention-deficit hyperactivity disorder: a nationwide population-based study.
Morrow R, Garland E, Wright J, Maclure M, Taylor S, Dormuth C. Influence of relative age on diagnosis and treatment of attention-deficit/hyperactivity disorder in children.
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