Caracterización, alcances y dificultades de las "bases biológicas" del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH).
Introduccion:
El trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH, ADHD en inglés Attention
Deficit Hyperactivity Disorder) está tipificado según el DSM-5 como un trastorno
psiquiátrico. Afecta a niños entre 4 y 18 años y tiene efectos posteriores diversos. Los
criterios para su diagnóstico son diversos, predominando que los niños presenten algún
tipo de "inatención, hiperactividad e impulsividad que perjudica el funcionamiento tanto
en el hogar como en la escuela antes de que el niño tenga 7 años de edad”.
Desde el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales V (conocido como
DSM-5 por su nombre en inglés Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders 5)
se señala que el TDAH: […] es un trastorno del neurodesarrollo definido por niveles
perjudicales de falta de atención, desorganización y/o hiperactividad-impulsividad. La
desatención y la desorganización implican incapacidad para sostener una tarea, parecer
no escuchar y perder materiales en niveles que son inconsistentes con la edad o nivel
de desarrollo. La hiperactividad-impulsividad implica sobreactividad, inquietud, incapacidad
para permanecer sentado, inmiscuirse en las actividades de otras personas e incapacidad
para esperar; síntomas que son excesivos para la edad o el nivel de desarrollo. (DSM-5, p. 32).
En este sentido, el TDAH es considerado o tipificado desde la rama psiquiátrica de la medicina
como un síndrome, determinado a partir de un conjunto de síntomas y se suele abordar,
entre otros tratamientos, mediante psicofármacos. A su vez, es considerado uno de los
trastornos psiquiátricos infantiles más comunes; en el DSM-5 (p. 61) se señala que "los
estudios de prevalencia poblacional sugieren que el TDAH ocurre, en la mayoría de las
culturas, en un 5% de los niños y en alrededor del 2,5% de los adultos" y algunos estudios
estiman que ha llegado a afectar al 12% de los niños del mundo.
Desarrollo:
El aspecto biológico que se reconoce con mayor aceptación y que cuenta con mayores
inversiones para su investigación en relación al TDAH es el genético. Es común a numerosos
autores la afirmación de que el TDAH tiene un "componente genético substancial"
(VENDRUSCOLO et al., 2006, p. 1). Por ejemplo, Pauls (2005) sostiene que "es claro [...]
que el TDAH es un trastorno [...] genéticamente complejo" (p. 1310), a la vez que Smoot
et al. (2007) refieren que habría una causa genética para "aproximadamente el 75% de los
casos" (p. 1730).
Bajo esa premisa, las investigaciones que buscan una base genética para el TDAH intentan
reconocer alelos de riesgo para diferentes genes. Son señalados, entonces, genes de los
que se reconocen al menos dos variantes para una determinada población (alelos). Uno
de esos alelos conllevaría a quienes lo portan un mayor riesgo de ser diagnosticado con
TDAH que el resto. Tal alelo es referido como “alelo de riesgo”. Más allá de los genes, la
base biológica más frecuentemente citada para el TDAH son las anomalías en el cerebro.
Diversos autores consideran que el cerebro de los niños con TDAH difiere del de los niños
sin TDAH en su forma (anatomía) y/o actividad.11 En términos generales, las investigaciones
tratan de reconocer algún tipo de correlación entre el diagnóstico de TDAH y determinados
rasgos biológicos. La forma en que esto se realiza es básicamente analizar si el grupo de
personas al que le fue diagnosticado TDAH difiere en cuanto a sus bases biológicas de aquellas
correspondientes a las personas no afectadas. Con este fin, son medidas diferentes variables
en los niños, entre las que se cuentan el tamaño y forma del cerebro o algunas de sus partes,
la actividad de un área o circuito cerebral, así como la presencia de variantes genéticas.
Conclusión:
Los problemas asociados al ser humano necesariamente involucran diferentes niveles y
dimensiones. La conceptualización del TDAH, aún desde un discurso dominante que parecen
asumir una perspectiva fuertemente biologicista, acude al menos a cuatro niveles de organización
diferentes. Sin embargo, más allá de esta aparente pluralidad, es sumamente importante reconocer
que los cuatro grupos ocupan roles metodológicos, epistémicos y ontológicos sumamente diferentes.
El nivel organísimico, pese a que tiene algún tipo de predominio por residir en él los fenómenos
asociados al TDAH presentados en el DSM, ocupa sólo una consideración fenomenológica (y con
aspectos fuertemente omitidos) desde los propios estudios que indagan los sustratos biológicos.
A su vez, es muy interesante reconocer cómo en prácticamente ningún caso aparecen las
comunidades y las sociedades en las que dichas niñas y niños viven; esto es, el contexto social,
tratándose de abordajes que consideran al individuo aislado del ámbito social. A su vez, son
evidentemente los niveles inferiores de organización los que presentan las entidades fundamentales,
en particular correspondiente al ámbito fisiológico y genético, es decir los niveles
genético-molecular (genes y proteínas) y, en menor medida, tisular (partes del cerebro).
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